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NOA

by - abril 14, 2022

NOA


Me apresuré a cerrar la puerta cuando vi a mi hermano sentado sobre la cama. Dejé la mochila del instituto encima de la silla del escritorio y saqué los libros que contenía en silencio, ignorándolo. 
—Hola —dijo Noa. 
Continué haciendo mis cosas, coloqué una botella de agua sobre la mesa y preparé el estuche de las gafas.
—¿No me vas a hablar?
Notaba su mirada atravesándome la nuca.
— Vete de aquí —murmuré mientras terminaba de colocar.
—¿Ni siquiera vas a mirarme a la cara?
Apreté mis puños con fuerza, clavando las uñas en las palmas de la mano, el dolor me ayuda a liberar tensión.
—¡Qué te largues de mi habitación!
—No pienso irme hasta que me mires.
Odiaba cuando Noa hacía eso, cuando me manipulaba para acabar consiguiendo lo que queria. Enfadado y sabiendo que no tenía muchas opciones, le fulminé con la mirada. Por algún motivo su aire despreocupado y su dulce cara despeinada me enfadó más aún.
—Buen chico —dijo Noa sonriendo—. No has hecho lo que te pedí. 
—Por favor, déjame en paz.
—Me lo prometiste.
—No puedo hacerlo —susurré sollozando.
—Usa tu balcón.
—¿Qué?
La conversación se vio interrumpida porque papá entró en la habitación alarmado y sin llamar.
—Hijo, ¿con quién hablas?
Miré a Noa de reojo, la estúpida sonrisa no se le borraba de la cara. 
—Con nadie —mentí.
Papá movía los ojos en todas direcciones buscando, cómo si así fuera a encontrar la respuesta.
—Cariño, sé que no te gusta que saque el tema, pero… Sigues tomándote la medicación, ¿verdad?
Noa continuaba sonriendo, se levantó de la cama y se acercó a mi.
—Dile lo que quieras hermano, sabes que esto no parará hasta que lo hagas. El accidente fue su culpa y tú me prometiste venganza. «Vida por vida» dijiste.
Papá, ajeno a la situación, me miraba desconcertado. 
—Sé que no te gusta, campeón, y que la nueva doctora no te cae bien, pero la condición de que hayas vuelto al instituto y estés en casa es que sigas con tus pastillas.
Asentí levemente sin mirarle a los ojos. 
Me dí la vuelta, andé hacia las puertas balconeras, las abrí y comencé a sollozar. Mi padre me miraba pasmado y expectante, con la frente arrugada.
—¿Qué haces? —preguntó.
Me apoyé en la barandilla y miré hacia abajo. 
«Doce pisos son más que suficientes», me convencí.
Miré a Noa que me observaba confuso. 
—Vida por vida, hermano. Por fin podrás dejarme en paz. 
Y salté. Rápido y decidido. A papá no le dio tiempo a moverse y Noa no pudo llegar a manipularme. De hecho no lo volverá a hacer jamás. 


Balta M.R

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1 comments

  1. Mi querido y estimado Balta:Después de leer un par de veces su relato, he de confesar que he empezado a valorar de manera distinta mi retiro en esta villa apartada del insoportable ruido urbano, pero lo mejor es que su máxima altura es de una planta, más vale prevenir, no sea que Noa quiera hacerme una visita de cortesia,nunca se sabe.
    PD: Como siempre espero impaciente su próximo relato
    Afectuosamente suyo,
    Vizconde de Valmont

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